Pues sí, cuando se habla de prejuicios, esos que nadie tiene pero que todos tenemos, a veces hay que pararse y dar una segunda oportunidad. Y no hablo de razas, religiones, sexo… no. Hablo de una forma de vestir, una forma de peinarse, una forma de hablar, una forma de pensar…

Una persona que he conocido hace relativamente poco me ha sorprendido MUCHO por su calidad humana, hasta el punto que me ha generado un cierto optimismo y me ha hecho pensar que hay muchas personas “aquí fuera” que me han dado una mala sensación desde un primer momento, y que, quizá conociéndoles un poco más… podrían llegar a convertirse en alguien importante en mi vida.

Aunque sea sólo por tener la oportunidad de “descubrir” a una persona al año… hazlo. Dale una segunda oportunidad a la primera impresión. Merece la pena.

En fin, otra de mis reflexiones nocturnas