caffedelarte

No suelo poner pataletas de este tipo, salvo que tengan algo que ver con la empresa o el marketing, y creo que, en este caso, merece la pena comentarlo.

Hoy he ido a tomar un café al Caffé del Arte, situado en la Calle Alcalá 113 de Madrid. Al entrar, además de ver que han tardado más de cinco minutos en atenderme, me he dado cuenta de que los enchufes estaban tapados. Es lógico, creo, porque hay mucha gente que “se acopla” e instala su oficina allí durante todo el día.

Una vez pedido, me siento en la mesa y abro el portátil para ver rápidamente el correo antes de llegar a casa, y cuál es mi sorpresa… se acerca la camarera y me dice que está prohibido encender un ordenador en el bar. Asombrado, y, aunque podía hacer lo mismo desde la Blackberry, decido salir e irme al bar de al lado.

Tenía dudas de si esto era legal, así que he preguntado a Pablo Burgueño, de Abanlex Abogados, y me ha dicho que sí, que esas cosas se pueden hacer, ya que, “en modo alguno se puede decir que sea discriminatorio, que restrinja la libertad o que vaya en contra de los derechos de los consumidores”.

Resuelta la duda legal, ahora viene la que me interesa, la del negocio. Viendo el caso de Starbucks, que dispone de espacios cómodos y conectividad WiFi, y el de esta cafetería, ¿no es curioso que haya tácticas tan opuestas para la consecución del mismo objetivo, que es obtener un mayor beneficio?

¿Qué creéis que es más efectivo?

(Foto tomada de 11870)