
Hace tiempo me regalaron un ejemplar de “El arte de la guerra“, el libro atribuído a Sun Tzu, que se ha consolidado como una lectura obligatoria no sólo para militares, sino para todos aquellos que se encuentran inmersos en el mundo empresarial.
Ahora que el master me ha dejado un respiro temporal, quiero poner aquí algunos de los fragmentos que más me llaman la atención, empezando por éste, que se encuentra en la edición interpretada por Samuel B. Griffith, un general norteamericano experto en el tema.
En uno de los capítulos de introducción comenta algunas de las características de la guerra en tiempos de Sun Tzu, mucho más cruel que en años anteriores, cuando estaba prohibida en tiempos de siembra o recogida, golpear a niños, ancianos y heridos…
Como ejemplo, Griffith comenta el sitio de la capital de Chung por parte del rey Chuang de Ch’u en 594 aC, que pronto vio cómo le empezaban a faltar provisiones. Llamó a su ministro, Tzu-Fan, y le dijo “si agotamos estas reservas sin someter a la ciudad tendremos que retirarnos”. Entonces, le ordenó trepar por la muralla para hablar con el ejército sitiado.
Cuando el príncipe de Sung envió a su ministro Hua Yuan, se produjo la siguiente conversación:
Tzu-Fan: ¿cómo marchan las cosas en su estado?
Huan Yuan: estamos agotados, intercambiamos a nuestros hijos y nos los comemos, quebrando y cocinando sus huesos.
TF: Qué desgracia! Ciertamente, una situación desesperada! He oído que en ciudades sitiadas amordazan a los caballos cuando les dan el grano y envían a los más gordos a enfrentarse al enemigo. Cómo es entonces posible, señor, que usted sea tan franco?
HY: He oído decir que cuando el hombre superior sabe del infortunio del otro tiene compasión del otro, mientras que el hombre vil, cuando ve la desgracia de otro se alegra de ella. Vi que usted parece ser un hombre superior, y por eso soy tan franco.
TF: Así es, podría hacer un esfuerzo. Nuestro ejército sólo tiene raciones para siete días.
Cuando Tzu-Fan volvió, su rey le preguntó sobre el estado de los sitiados, y éste, tras contarle lo desesperado de su situación, le declaró que les había confesado que la suya tampoco era mejor, que sólo tenían víveres para unos días. El rey Chuang, enfurecido, le preguntó el porqué de su actitud, a lo que Tzu-Fan respondió: “si un estado pequeño como Sung todavía tiene un súbdito que no engaña, ¿por qué tendría que carecer de él Ch’u? Por eso se lo dije”.
El rey Chuang le dijo que, aún así, les someterían y regresarían, pero su ministro se negó: “su majestad permanezca aquí, permita a su servidor volver a casa”. “Si tú regresas y me abandonas, con quién voy a quedarme? Regresaré como deseas”, dijo el rey.
Hoy, las empresas están repletas de Tzu-Fan, los mandos que se acercan a la realidad y la contemplan desde un punto de visto más humano, mientras que sus “reyes” deciden, desde lejos, y sin admitir consejos ni proposiciones, cuál debe ser el modo de actuar. Lamentablemente para ellos, sólo es cuestión de tiempo. Se está produciendo un cambio, al que contribuye, de manera muy directa, y mal que a muchos les pese, la “juniorización” de los puestos directivos. Tendremos que buscar entre todos el equilibrio, antes de que empiecen a faltarnos a todos las provisiones…








Abril 29th, 2008 at 4:06 am
Quizá el problema no es la “juniorización” de los cargos intermedios, sino que los “junior” de nuestra sociedad tienen demasiados MBA y ninguna comprensión humana. No está mal que los jóvenes lleguen, el problema está en los jóvenes.